'Rebeca' de Hitchcock, 85 años de moda y cine: la película que puso nombre a un jersey y nos hizo soñar con Manderley

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"Anoche soñé que volvía a Manderley". Cualquier cinéfilo reconoce, de manera inmediata, la frase con la que comenzaba la primera película de Alfred Hitchcock en Hollywood. El británico, que entonces ya empezaba a ser considerado 'el mago del suspense' (siempre fue mucho más que eso), con un montón de éxitos a sus espaldas en Reino Unido (si aún no han visto '39 escalones' (1935) o 'Alarma en el expreso' (1938) háganse un favor y véanlas), fue reclutado por el productor David O. Selznick para rodar 'Rebeca' en 1940.

Aunque en principio míster Hitchcock quería filmar una historia sobre el naufragio del Titanic, la adaptación de esta novela de Daphne du Maurier fue su carta de presentación en el cine norteamericano.

Y, pese a las presiones y las manías del productor de 'Lo que el viento se llevó', eternamente obsesionado con superar aquel éxito mayestático, a 'Hitch' no le fue nada mal. La cinta protagonizada por Joan Fontaine y Laurence Olivier ganó el Oscar a la mejor película (pese a que perdió el premio como director frente al John Ford de 'Las uvas de la ira') y se convirtió en un título de referencia; un cuento de hadas de maneras victorianas que también tuvo una influencia mayúscula en el mundo de la moda.

Olivier, Fontaine y Hitchcock en una imagen del rodaje de 'Rebeca'. (Cordon Press)

'Rebeca' era un cuento gótico del Hollywood dorado por el que don Alfredo no sentía especial devoción (o, al menos, eso le confesó él mismo a Truffaut en su famosa entrevista-libro). Los que sí le tienen simpatía a aquella vieja historia en blanco y negro son los españoles, que llaman 'rebeca' al clásico cárdigan, una chaqueta de punto abotonada y con cuello a la caja, desde que se estrenó la película.

La prueba es que si buscamos la definición en la RAE, nos encontramos con “chaqueta femenina de punto” cuyo origen determina “un filme de A. Hitchcock, basado en una novela de D. du Maurier, cuya actriz principal usaba prendas de este tipo”. Es el único caso en el que un film pone nombre a una prenda de ropa, muestra de la importancia que el cine tuvo en la sociedad en aquellos años del siglo pasado.

Hay que decir que los cárdigan ya existían mucho antes de que Hitchcock estrenase su cinta. También fueron previos a la novela, inspirada en una casa que Du Maurier poseía en Cornwall, llamada Menabilly. El término 'cárdigan' proviene de James Thomas Brudenell, conde del título homónimo, famoso por dirigir la célebre Carga de la Brigada Ligera (acontecimiento que dio lugar a otra cinta emblemática del cine clásico en 1936).

El noble solía utilizar el jersey de lana y décadas más tarde, ya en los años 20, fue Coco Chanel la que lanzó la rebeca al mercado tal y como la conocemos hoy. A la mítica Coco le fastidiaba que los jerséis de toda la vida estropeasen el peinado de las mujeres.

Fontaine, Olivier y la malvada sra. Danvers, encarnada por Judith Anderson. (Cordon Press)

El famoso cárdigan no fue la única aportación de la película al mundo de la moda. Recordemos una de las secuencias más famosas: Joan Fontaine, la protagonista sin nombre, segunda señora de Winter a la sombra de la difunta Rebeca, se disfraza como el personaje decimonónico de una de las pinturas de la mansión de Manderley.

La pobre, ignorante de la connotación negativa que tiene el vestido, acaba fastidiando la fiesta carnavalesca y llorando como una pusilánime. Se trataba de una de las trampas de la perversa ama de llaves a la que da vida Judith Anderson.

Aquel vestido desprendía un aire romántico y etéreo. Confeccionado en un tejido ligero y vaporoso, posiblemente tul de seda gasa, presentaba una falda amplia de corte princesa que caía en una cascada suave hasta el suelo. El corsé ajustado realzaba la silueta de la heroína, y los delicados adornos florales en el pecho aportaban un toque de fantasía.

Las mangas caídas y el gran sombrero de ala ancha completaban un look que mezclaba ingenuidad y glamour y daba cuenta del talento de los nombres implicados en el film.

Fontaine, con otro emblemático vestido de 'Rebeca', junto a Hitchcock, Olivier y parte del equipo. (Cordon Press)

A Ed Lambert, de Western Costume Company, se le debe la búsqueda de piezas adecuadas de inventario. Tan metomendoto como siempre, Selznick le dijo que no debían "confeccionar un solo vestuario para esta película. El protagonista debería vestirse completamente con prendas de inventario compradas en la ciudad, y el resto del vestuario también debería ser de inventario. Creo que se podría ahorrar entre 5000 y 7500 dólares en vestuario femenino".

La mayoría de los trajes de la película se atribuyen a Irene Lentz. Previamente y en au afán ahorrativo, Selznick había descartado la idea de contratar al legendario Travis Banton, por cobrar 150 dólares por vestido.

Fontaine, con otro de los diseños más señalados de 'Rebeca'. (Cordon Press)

De Tara a Manderley

La semilla de 'Rebeca' es una de las historias más apasionantes de las crónicas de Hollywood. Selznick se había hecho con los derechos de la novela nada más leer las galeradas. Como hizo con 'Lo que el viento se llevó', peleó con uñas y dientes por hacer la mejor película posible. Con Laurence Olivier en mente para protagonizarla, el estudio hizo un casting minucioso para elegir a la protagonista.

Vivien Leigh, que tenía contrato con Selznick desde que encarnó a la icónica Escarlata O'Hara, intentó por todos los medios ser la elegida. Tenía buenas razones para ello: en aquellos años suspiraba de amor por Olivier, con el que se casaría en segundas nupcias ese mismo año.

La que se llevó el gato al agua fue Joan Fontaine. Inicialmente, Selznick quería a su hermana (y rival) Olivia de Havilland para protagonizar la película. Pero Warner, que ya se la había cedido para ser la Melania de 'Lo que el viento se llevó', no quiso repetir la experiencia. Tras ser contratada, Fontaine fue un verdadero manojo de nervios durante el rodaje, algo que vino bien a su caracterización de chica melindrosa, torpe y asustadiza.

La pareja protagonista, durante una secuencia de la película. (Cordon Press)

Estrenada en marzo del 40 en Estados Unidos, la película no solo supuso el inicio del recorrido hollywoodiense de Hitchcock sino también una especie de antecedente de la mismísima 'Ciudadano Kane'. Según cuenta Gregorio Belinchón en 'El País', Selznick también quiso contratar a Gregg Toland (cuya fotografía acabaría haciendo historia en el 'Kane' de Welles), pero no le fue posible por tener otros compromisos laborales.

La prueba de la similtud entre ambas películas es que la historia se desarrollaba en una mansión y el/la protagonista era un difunto. Aunque a la propia Du Maurier le horrorizó, esta acabó ganando el Oscar a la mejor película y arrasó en taquilla. Ocho décadas y media más tarde, su mejor legado sigue siendo haber puesto nombre a una prenda que jamás pasará de moda. La película tampoco.

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