
Recordamos los aportes de Carlos Gagini a la cultura de Costa Rica, cien años tras la muerte del escritor

03/30/2025 01:00 PM
Por donde quiera que se mire, la figura de Carlos Gagini (1860-1925) es un prisma desde el cual se pueden observar detalladamente los más diversos saberes y las más distintas inquietudes. Se puede afirmar, con toda certeza, que su obra es enciclopédica, pues comprende un caleidoscopio de ideas y de conocimientos muy variados que van desde la lingüística y la lexicografía, los idiomas y los sistemas de comunicación, tanto las lenguas originarias y extranjeras así como las artificiales, ya que en sus últimos años se dedicó seriamente al estudio del Esperanto.
Gagini también se interesó en las disciplinas como la pedagogía, la psicología y la historia; en el campo de literatura fue un prolífico dramaturgo, novelista, cuentista, ensayista y poeta que supo aprovechar sus creaciones para transmitir sus ideas, en particular sobre el aprecio y amor a la patria, el reconocimiento de la identidad y la defensa soberanía.
Si bien la obra de Carlos Gagini ha sido valorada en distintas ocasiones, quedan bastantes temas dispersos para comprender su legado y alcanzar una visión integral del humanista que fue, y de reconocer con exactitud y justicia su lugar en el devenir de la historia y la cultura. La conmemoración del centenario de su partida este año 2025 se presenta como una oportunidad para divulgar su obra y para reflexionar alrededor de los asuntos que trató en sus investigaciones y en sus publicaciones.
Desde muy joven, Gagini mostró inquietudes por la literatura y por el conocimiento, como lo reconoce en su autobiografía titulada Al través de mi vida. Comenzó a estudiar Derecho por sugerencia de su primo y padrino Mauro Fernández, pero no le resultó interesante pues su espíritu se inclinaba más hacia las ciencias positivas.
Además, menciona, tenía el ideal de convertirse en ingeniero, pero su sueño de ir a estudiar a Europa se vio frustrado. A pesar de esos contratiempos, se formó de manera autodidacta y poco a poco se fue destacando como uno de los educadores y literatos más importantes de su época.
Resulta imposible imaginar la manera en la que organizaba su tiempo para realizar sus múltiples actividades como combinar la investigación con la docencia. Mientras elaboraba las entradas, definiciones y demás del Diccionario de barbarismos y provincialismos de Costa Rica publicado en el año 1892, que luego corrigió y volvió a publicar como el Diccionario de costarriqueñismos en 1918, también laboraba como maestro o desempeñaba la función de director liceos y colegios, como el Liceo de Costa Rica, el Liceo de Heredia, Liceo de Alajuela o el Colegio Superior de Señoritas.
A la vez que ejercía esos cargos y trabajaba en sus investigaciones dirigía revistas o componía piezas teatrales, algunas en verso, y, muy seguramente, participaba en sus montajes; escribía y publicaba novelas, algunas por entregas, y cuentos, componía poemas o pequeñas piezas teatrales infantiles en verso, de las cuales algunas quedaron manuscritas.
Asimismo, redactaba libros de texto para estudiantes, supervisaba programas educativos y realizaba otras muchas otras actividades como organizar giras a comunidades indígenas, o participar en excavaciones arqueológicas, o mantener correspondencia con intelectuales de otros países como el colombiano Rufino José Cuervo y el peruano Ricardo Palma y mientras tejía una red de intelectuales en la región.
Como docente y director de instituciones de enseñanza promovió una educación inclusiva y democrática, introdujo nuevas metodologías de enseñanza, participó en la elaboración de materiales didácticos y programas pedagógicos, organizó certámenes intercolegiales y también procuraba becas y conseguía premios para estudiantes de bajos recursos y de zonas rurales, así mismo colaboró con la creación de los comedores escolares.
Entre muchos de sus discípulos se pueden mencionar nombres como Fabio Baudrit, Alberto Brenes, Roberto Brenes Mesén, Leónidas Briceño, Joaquín García Monge, Víctor Manuel Elizondo, Rogelio Fernández Güell, Teodoro Picado; en el Colegio Superior de Señoritas fue maestro de María Isabel Carvajal y también Delfina Collado.
Durante décadas tuvo una participación activa en revistas nacionales y regionales en las que publica con frecuencia sus cuentos, poemas y artículos, relatos por entregas, cuadros de costumbres y traducciones. Sus textos ven la luz en Costa Rica Ilustrada. Revista de Ciencias, artes y literatura, El maestro, Pandemonium, Cuartillas, Páginas Ilustradas, Athenea, Eos, Revista de Costa Rica, Pórtico, Magazín Costarricense, Boletín de las escuelas primarias yla revista infantil Mis apuntes, así como los diarios El día, La República, La Información y La prensa libre.
Entre estas publicaciones periódicas fue además redactor y director en su segunda época de Costa Rica Ilustrada. Revista de Ciencias, artes y literatura, director de Pandemonium y de la Revista Agrícola. Algunos de sus artículos formaron parte de acaloradas discusiones sobre temas relacionados con la literatura y la lingüística.
Carlos Gagini fue un autor muy prolífico
En el año 1888 en el Diario Costarricense publica la novela por entregas Elisa (Fragmentos de un diario); posteriormente en la revista Costa Rica Ilustrada entre los meses de marzo y julio de 1891, publica por entregas también la novela El sargento Gérard. Por otra parte, algunos de sus relatos fueron publicados en revistas antes de agruparlos en el libro Chamarasca de 1898. La pieza teatral Las cuatro y tres cuartos vio la luz en Paginas Ilustradas entre los meses de enero y febrero de 1904; muchas de sus composiciones líricas se publicaron en diarios y revistas y luego se recopilan en el volumen Vagamunderías del año 1925.
Entre sus muchas publicaciones, de investigación, creación y didácticas, es oportuno mencionar y destacar, además, que algunas de ellas se realizaron fuera del país, por ejemplo, la colección de materiales para la enseñanza titulada El lector costarricense fue editada e impresa en Barcelona en el año 1901 en la imprenta Henrich; otros de sus textos aparecieron en revistas en Guatemala o en publicaciones en El Salvador, mientras fue director del Liceo Santaneco en ese país centroamericano.
En las páginas de Al través de mi vida comparte algunos de sus ideales relacionados siempre con su afán por enaltecer a su patria, reflexiona alrededor de la ética y la justicia en sus quehaceres profesionales y personales. En ese libro es evidente que a lo largo de su vida procuraba la grandeza de su país a través del ejercicio de la democracia, de la libertad y de la educación y entendía la práctica docente como un espacio para alcanzar el bien común y a la literatura como un dispositivo creativo para infundir el amor a la libertad bien entendida, generar pensamiento crítico y formar conciencia ciudadana.
En efecto, el legado de Carlos Gagini ha sido reconocido por lingüistas y esperantistas; las distintas historias de la literatura costarricense mencionan sus principales obras, sus ideas y también algunas controversias con sus colegas. Su obra ha sido objeto de investigaciones en las áreas de la lengua y la literatura.
Durante varios años su novela El árbol enfermo se leía en secundaria, hasta que fue eliminada de los programas de lectura. Sin embargo, a cien años de su partida, una mirada al través del prisma que significa el conjunto de sus escritos y publicaciones evidencia que todavía quedan aspectos por descubrir y redescubrir y que también queda pendiente un esfuerzo por distinguirlo y reconocerlo, con toda justicia, como uno de los ciudadanos e intelectuales más distinguidos, preclaros e ilustres que han iluminado la cultura y la patria costarricenses.
La exposición '1925-2025: Redescubriendo a Gagini en el centenario de su partida' está abierta en la Biblioteca Nacional (San José) hasta el 10 de abril.