Dos escenarios para el dólar y un mercado duro de calmar

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Hace unas semanas, un grupo de economistas amigos que suelen reunirse con cierta regularidad, coincidió en uno de esos encuentros en que si el financiamiento neto del acuerdo con el FMI (esto es, el dinero nuevo disponible más allá de los repagos al propio Fondo) es menor de US$7000 millones el mercado lo tomaría negativamente y se acentuará la volatilidad financiera. ¿Por qué 7000 millones y no otra cifra? Nadie lo sabe, pero la conclusión fue esa, cuenta risueño uno de los asistentes.

La anécdota sirve para recordar cuán antojadizos pueden ser los inversores financieros y los analistas cuando los gana el recelo. Sobran antecedentes en la Argentina de momentos como el actual en los que, en un corto período de tiempo,la dinámica de la desconfianza se acelera y palabras oficiales que hasta ayer servían para llevar calma ya no alcanzan. El mercado quiere ver para creer.

"Al acuerdo solo le falta el moño", decía el presidente Javier Milei el 10 de febrero; un día después, el ministro Luis Caputo agregaba que el programa estaba listo para ser firmado y "solo faltaba la letra chica". Luego, el transcurso del tiempo hizo que la ausencia de noticias concretas potenciara las dudas acerca del futuro del plan económico, particularmente de la política cambiaria y de la dificultad del Banco Central para acumular reservas. Marzo cerró en este sentido con la peor performance del gobierno de Milei, con una pérdida de unos US$1300 millones en el mes por las mayores expectativas de devaluación.

"Lo que se necesita para calmar a los mercados es el acuerdo con el FMI, que parece haber demorado mucho más de lo que se pensaba", dice Miguel Kiguel, economista director de Econviews. Además, la volatilidad a nivel global tampoco ayuda. "Si allá se ponen nerviosos los mercados, acá tiemblan", señala uno de sus colegas ante la consulta de LA NACION.

Caputo busca ganar tiempo con algunas declaraciones que terminaron siendo contraproducentes por su falta de precisión. Luego, fue ofreciendo por goteo algunos detalles del acuerdo como, por ejemplo, la confirmación de que el monto total del préstamo será de US$20.000 millones. El FMI jugó en equipo y Kristalina Georgieva, la directora del organismo, ventiló en una entrevista que le parece "razonable" que el desembolso inicial sea por el 40% del crédito, es decir, US$8000 millones, y anticipó que el programa estará aprobado antes de la asamblea de primavera del Fondo, que empieza el 21 de este mes. En su último informe semanal, OJF Centro de Estudios Económicos consideró que el monto del anticipo "no es trivial porque podría implicar que los tiempos para la salida del cepo se aceleren o se retrasen".

Dos escenarios posibles que se abren con la llegada de la plata del FMI entrañan desafíos y riesgos. Uno es, apuntaladas las reservas, que la salida de los controles cambiarios se postergue para después de las elecciones de octubre para evitar que una suba brusca del dólar oficial provoque más inflación y afecte el resultado (tanto Milei como Caputo reiteraron enfáticamente en estos días que no habrá saltos cambiarios); el otro, que el levantamiento de las restricciones se haga antes para facilitar el cumplimiento de la meta de acumulación de reservas que se pacte con el Fondo.

Para que sea posible el primer escenario, un economista que conoce bien cómo piensan Caputo y su equipo dice que será clave el cronograma de desembolsos. "Hay que mirar si hay neto de amortización e intereses positivo para la Argentina en 2025 y qué pasa en 2026 y 2027. ¿Habrá neto negativo esos años?", se pregunta. Pero más allá del dinero de libre disponibilidad con el que cuente el Gobierno para disuadir a los escépticos, el especialista ve un riesgo alto de que el programa con el FMI cambie las expectativas solo por uno o dos meses, a la manera del "blindaje" del año 2000, y que luego, a medida que se acerquen las elecciones, las apuestas a una devaluación vuelvan a arreciar y hagan que la brecha cambiaria sea muy volátil, retomando la dinámica actual.

En cuanto a los riesgos y desafíos del segundo escenario, obviamente es que un levantamiento anticipado del cepo provoque un salto en el tipo de cambio que a su vez haga revivir la inflación y disminuya las chances de un triunfo del oficialismo en las elecciones. La sola sospecha de un eventual regreso al poder, en 2027, de un gobierno populista complicaría la situación de forma permanente.

La ansiedad por saber qué pasará enciende las especulaciones en el mercado, pero llamativamente, Caputo y Milei aún no han acuñado un mote despectivo para desacreditar a los operadores financieros. Sí lo tienen para aquellos a quienes identifican como responsables de las turbulencias: los economistas -"econochantas" y "mandriles";- los empresarios, el "club de devaluadores seriales"-, los políticos "miserables" y los periodistas "ensobrados". Será que un liberal como el Presidente y un ex-trader como el ministro saben que, digan lo que digan, tarde o temprano al mercado, solo lo convencen los hechos.

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